jueves, 21 de julio de 2011

LA REVOLUCIÓN EN EL CINE ESPAÑOL (2/2)

Por mucho que nuestro cine español se modernice, sus esfuerzos no servirán de nada si no acabamos con los prejuicios que  anidan en la mentalidad de los españoles. Para ello es imprescindible que los medios de comunicación no olviden su obligación de apoyar la cultura de su país.

APOYO Y PROTECCIÓN
Apoyo de la televisión.
La Ley 25/1994 en su versión modificada por las leyes 22/1999 y 15/2001 obliga a las cadenas de televisión a invertir todos los años un 5% de sus ingresos en financiación de cine. Desde el comienzo, las empresas dueñas de estas cadenas se han opuesto alegando que es un atentado contra su libertad de empresa y que esas inversiones resultaban ruinosas. 

 
Ciertamente, ese dinero no se recuperaba del todo en gran parte de los casos, pero esta situación ha cambiado radicalmente en los últimos años. El modelo de inversión ha comenzado a funcionar mucho mejor desde el mismo momento en que las televisiones han dejado de invertir pequeñas cantidades en varias películas y prefieren dedicar toda su producción en uno o dos grandes proyectos, lo que ha dado lugar al nacimiento de los “blockbusters” españoles. 

 
El aumento de los presupuestos necesitaba ir acompañado de otros cambios, principalmente en la promoción. Las televisiones tradicionalmente han hecho dejación de funciones en su labor de promocionar el cine español. Muchas veces las películas aparecían casi por sorpresa en las carteleras, sin saber de dónde vienen y partían con una enorme desventaja con respecto a la enorme maquinaria de promoción de Hollywood.
 
Cuando una superproducción norteamericana llega a nuestras pantallas los espectadores saben de su llegada desde hace meses, no sólo por los carteles y anuncios pagados por las distribuidoras sino que también por los reportajes que emiten las cadenas de televisión con cada nuevo material promocional, algo que se debe entender como una publicidad gratuita. De cualquiera de las entregas de James Bond aparecen noticias cuando se elige al actor protagonista, cuando comienza y acaba su rodaje, cada vez que hay alguna anécdota graciosa, cuando sale el primer tráiler, cuando se produce el estreno mundial de la película y, por supuesto, cuando alguno de sus actores visitan España y más si alguno es español o habla nuestro idioma.

Varias de esas técnicas han sido imitadas por las televisiones, con la clara intención de posicionar un producto que ahora entienden como propio y al que hay que mimar para que recuperar la inversión. Así, ahora los informativos cuentan con noticias periódicas del avance de sus proyectos y cuando su estreno está cercano se llenan de entrevistas, de reportajes y de cortinillas que promocionan la película y que dejan claro que pertenecen a la cadena, como si ahora no se avergonzaran sino que encima se sintieran orgullosos. Así quedó claro cuando Telecinco promocionó
El laberinto del fauno, que comenzó una carrera jalonada de éxito económico (80 millones de euros de recaudación) y crítico, culminado con la consecución de tres Oscar. Alatriste o El orfanato le han dado igualmente muchas alegrías. Otro tanto pasa a Antena 3 con la saga de Torrente, Planet 51 o Los Borgia y a Sogecable con Los otros o Mar adentro


Aquí os dejo un vídeo que he creado recopilando estas nuevas técnicas. 
video
 
Con cada una de ellas se levanta un poco más el muro que nos permitirá defendernos de la maquinaria de la que dispone Hollywood, que ha desarrollado un complicado sistema para controlar la producción, la distribución y la exhibición en la mayoría de mercados extranjeros.
Este cártel ha sido capaz de imponer un estilo y una serie de convenciones al resto del mundo gracias a un táctica empresarial muy competitiva y agresiva que ha creado grupos de presión para quitarle a los productores locales sus pocas ventajas y para poder beneficiarse de las mismas. Esa dinámica explica por qué se les concedieron licencias de doblaje e incluso subvenciones para películas claramente no españolas. El doblaje es una práctica que ha quedado anacrónica en un sociedad que necesita impulsar el dominio de otros idiomas, como se hace años desde el sistema educativo. 
 
Apoyo de toda la sociedad.
Un sector de la población de este país rechaza su cine por sistema porque lo consideran demasiado de izquierdas.
La semilla de este problema se halla en la dictadura franquista (1939-1975) y las enormes restricciones que ésta impuso en todos los ámbitos culturales, incluidos el cine. La censura, paso previo e inevitable para el estreno de la película, marcaba unas líneas rojas que nadie podía traspasar, al menos no de manera perceptible: nada de crítica a Franco ni a ningún miembro cercano, nada de dudar del régimen o de cualquiera de sus organismos, nada de desprestigiar a los cuerpos de seguridad, nada de miserias o hambre. España debía ser un país feliz en la pantalla. Quedó así una industria muy constreñida y que intentó trabajar con lo poco que le dejaron.
 Y es que, a pesar de todo esto, el público no dio la espalda al cine español y acudía en masa a disfrutar de aquello que les dejaban ver. Las comedias se hacían con la mayor parte del pastel, seguramente por su capacidad de distraerles de los problemas que vivían a diario. Si bien también hubo dramas y películas de otros géneros, sus recaudaciones eran muy inferiores.
Cuando la dictadura acabó trajo una escisión de la industria cinematográfica. Por un lado teníamos a los continuistas del estilo anterior que supieron adaptarse a las nuevas exigencias y añadieron a sus comedias los elementos eróticos que aseguraran la asistencia de público. El “destape” tuvo un éxito instantáneo, con Mariano Ozores como gran impulsor del mismo y con actores como Alfredo Landa, Antonio Ozores, Andrés Pajares y Fernando Esteso.
Pero surgió una segunda corriente en la que se enmarcaron todos aquellos cineastas que querían romper con todo lo anterior y que pedían una renovación formal y temática. Poco a poco nos hicimos europeos y nos empapamos del cine de nuestros países colindantes, principalmente el francés. La teoría del autor llegó a nuestro país con décadas de retraso pero fue acogida con entusiasmo. La consigna a seguir era que el director debía tener un estilo que marcara a fuego su huella en sus imágenes y salir así del anonimato, erigiéndose en el verdadero creador que se espera de un artista. Surgieron así directores como Pedro Almodóvar, Carlos Saura, Manuel Rodríguez Aragón o Iván Zulueta.
Con ellos llegaron el cine transgresor y la posibilidad de plasmar en la pantalla aquello que durante años estuvo prohibido: la liberación sexual (mujeres rebeldes, homosexualidad), las miserias diarias (drogas, pobreza) y, por supuesto, la versión de la izquierda de lo ocurrido en la Guerra Civil y en la posguerra, que se contraponía a la que de manera sesgada y continúa había mostrado el régimen de Franco.
La necesidad de estos trabajos es incuestionable ya que el cine había delegado durante demasiados años de una de sus principales funciones: observar y aprehender la realidad para luego reflexionar sobre ella. Sin embargo, esta asociación con las ideas progresistas provocó un rechazo en una parte de la sociedad que consideraba que el cine estaba instrumentalizado por personas afines al Partido Socialista para implantar su ideología y valores.
Esa idea germinó con fuerza y tuvo su momento álgido en el año 2003. En ese año Estados Unidos invadió Irak comenzando una guerra que fue repudiada fuertemente por las sociedades de varios países europeos. España no era una excepción y se organizaron manifestaciones de protesta multitudinarias. A la cabeza de algunas de ellas iban un conjunto de actores y directores que se significaron muy claramente en contra de la política establecida por el gobierno de José María Aznar: Pedro Almodóvar, Juan Diego Botto, Javier y Pilar Bardem, Fernando León de Aranoa, Willy Toledo o Alberto Sanjuán fueron los más activos. 
 
Los dos últimos presentaron aquel mismo año una gala de los Premios Goya que se tornó en reivindicación en contra de la guerra. Los dos actores hicieron constantes bromas al respecto y sacaron unas camisetas que rezaba “No a la guerra”. No fueron los únicos. Una amplia mayoría de los que subieron al escenario a lo largo de las 3 horas de gala llevaban una etiqueta con el famoso eslogan.
Unos meses después se formó la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ) que se presentó en sociedad con un vídeo donde varios artistas aparecían haciendo un gesto colocando su mano sobre su ojo y simulando la forma de una ceja, que se había convertido en un símbolo del secretario general del PSOE, José Luís Rodríguez Zapatero.
No se hizo de esperar una campaña mediática contra el cine español con notables portadas en las que se señalaba a personas con nombre y apellidos y se llamaba, directa o indirectamente, al boicot de las películas en las que cualquiera de ellos participara, y por extensión hacia el cine español en general. 

Éste es un vídeo que explica lo que, desgraciadamente, cientos de miles de personas opinan de nuestro cine. Una auténtica vergüenza.  



Otro día me detendré más detalladamente en "la caverna mediática" que trata de acabar con el cine español. Aunque apunto que creo que la solución no pasa por realizar un cine apolítico sino todo lo contrario, por animar a los cineastas de todas las ideologías democráticas a plasmar nuestro presente y pasado con el rigor y con respeto que el espectador se merece.
 
Conclusión. 
En conclusión, podemos afirmar que el cambio en el cine español durante los últimos quince años ha sido espectacular, calificable de “revolución” sobre todo en cuanto a contenidos, ya que el hecho de que las personas cambien es algo inevitable. Los nuevos temas que se han introducido, la ampliación del público al que se dirige, entendiendo este como una tendencia a la especialización que conllevan los géneros y la mayor inversión presupuestaria de las televisiones (asumida por una legislación que les obliga) ha favorecido que podamos referirnos cada vez más a la suma de películas que se van realizando en España como la “industria cinematográfica”.
El salto desde el personaje que siempre representaba Paco Martínez Soria al de Malamadre interpretado por Luis Tosar en Celda 211 o el cambio desde el destape hasta llegar a películas como El laberinto del Fauno no hacen más que evidenciar que las españoladas permanecen en la UVI, y con pronóstico muy grave.

 BY DAVID RAMÍREZ.

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