De hecho, voy a hablar de la que probablemente sea la película más importante en la historia del país asiático, no sólo por su intrínseco valor cinematográfico sino también por ser la cinta que abriría la puerta de la difusión internacional para su director, Abbas Kiarostami, y coetáneos suyos como Jafar Panahi a finales de los noventa tras conseguir la Palma de Oro en el Festival de Cannes.
